Me comentaba rotundamente un amigo, al ser interrogado si había felicitado al Alcalde electo, que “nunca felicitaré a quien ha ganado unas elecciones con trampas, chapuzas y dinero, es decir suciamente”, y reconozco que me impactó esta aseveración tras conocer la magnitud del comportamiento torticero que se está produciendo en el sistema político de libertades públicas de que gozamos.
Y estupefacto quedé escuchando a una señora de mi quinta asegurando en la mesa de al lado en una terraza de la playa de Mojácar que “necesitamos otro Franco” y argumentar la afortunadamente inviable necesidad que la justificaba.
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